139. El arte de tocar sin manos
Sigo mirándolo, y él me devuelve la mirada con esa mezcla de curiosidad y alerta que tanto me gusta. No hay nada apresurado entre nosotros, pero el aire se ha vuelto más espeso, más cargado de algo que no se nombrar, pero se siente. Giro un poco la cabeza y, al otro extremo del estanque, veo a Danna y Bárbara. Se han acercado aún más; sus manos siguen entrelazadas bajo el agua, y sus frentes casi se tocan mientras susurran algo que no alcanzo a oír. Hay ternura en sus gestos. Un tipo de entrega