138. Frutas, susurros y caminos de agua
Gabriel maneja concentrado, con una mano en el volante y la otra apoyada cerca de la palanca de cambios. Vamos los cuatro en su auto, como habíamos quedado. Yo voy en el asiento del copiloto, mirando por la ventana mientras Danna y Bárbara ocupan la parte trasera, compartiendo risas suaves y comentarios cómplices sobre lo que nos espera en este famoso spa que ha encontrado Gabriel. Aunque en realidad, yo sí sé lo que le espera, al menos a Danna. Hace días Bárbara me comentó que planea pedirle n