111. Encuentros difíciles
El amanecer me encuentra en casa, sentada frente a la ventana con una taza de café humeante entre las manos. El aire fresco entra por la rendija de la ventana, pero no logra disipar la extraña sensación que se instala en mi pecho. Este sería el momento en que Bárbara llegaría con su sonrisa despreocupada y un comentario sarcástico sobre el café demasiado cargado que siempre preparo. Pero ya no está aquí. El club la consume, y no la culpo; yo misma pasé por lo mismo. Lo entiendo, pero no puedo ev