Al oír eso, tiré el celular y dije:
— Ya estoy lista.
Me quité los zapatos y me puse apresurada las chancletas. Abrí la puerta y vi a Sergio llenando cubetas de agua en el patio. Había una fila inmensa de cubetas blancas que iba llenando una por una. Cuando se llenaban, las levantaba como si nada y, se le marcaban los músculos del hombro a través de la ropa. Vaya, músculos y fuerza en uno solo.
— ¿Para qué tanta agua? ¿Van a cortar el suministro? — pregunté curiosa acercándome.
La abuela me miró