No me esperaba que la abuela quisiera hacer de casamentera. Se me vino a la mente en ese momento la cara seria y distante de Sergio. Recordé cómo me negó el cambio de habitación sin pensarlo dos veces, y me entró una pizca de cierta picardía. Respondí casi por impulso:
— Bueno, está bien entonces.
Acepté sin darle mucha importancia. Después de desayunar, le pedí prestada una bicicleta a la abuela y me fui a dar una agradable vuelta por el pueblo. Volví cuando ya estaba cayendo la tarde, con un c