Lo miré fijamente, pensando en su padre, que era el señor Martín a quien tanto llamaba de niña, y pensando en cómo Sergio se me acercaba, no pude evitar preguntar en se instante: —Sergio, ¿me coqueteas porque te gusto?
—¿Por qué más sería, por jugar? —me miró directamente a los ojos, sin ninguna expresión de su parte.
—¿Hay algo que me ocultas? ¿Verdad? Por ejemplo... ¿que nos conocemos desde hace mucho? —durante el regreso, o más bien desde que supe la identidad de su padre, esta pregunta me da