Miguel no me dio opción alguna a negarme, y sabía lo que eso significaba.
Sujetando el teléfono con fuerza, miré a Sergio y me acerqué. Antes de que pudiera hablar, dijo: —Me voy pasado mañana.
¿Se iba?
Me quedé asombrada. —¿A dónde?
Sergio caminó hacia adelante. —De regreso.
¿De regreso a Valle Sereno?
Pero había dicho que se quedaría, incluso había rentado una casa.
Pensando en la casa rentada, recordé lo de la demolición y el favor de la casera, que aún no le había comentado.
Quería pregunt