Al terminar de hablar, Mariana me miró con eso bellos ojos brillantes. —¿Tú tienes alguna solución?
Por supuesto que había soluciones, pero si Sergio no se atrevía a arriesgarse, ¿debería yo hacerlo?
Si salía bien, perfecto, pero si fallaba, que Sergio nunca me perdonara eso sería lo de menos, lo peor sería el gran dolor que le causaría.
—Tú tampoco tienes solución alguna, ¿verdad? —Mariana interpretó mi silencio como falta de esperanza.
Bajó los párpados, con una tristeza indescriptible en el r