El silencio se volvió asfixiante. Mientras consideraba buscar algún tema para terminar la llamada, la voz temblorosa de Alicia resonó:
—Todo lo que le pasa a Gabriel es culpa de esa mujer. Solo por eso jamás la aceptaré.
Nunca había visto a Alicia así, con las palabras escapando entre dientes apretados, cargadas de un fuerte rencor.
Un escalofrío me recorrió la espalda, dejándome sin palabras.
—Sara —me llamó Alicia—, cuando puedas, visita a Gabriel. Solo tú puedes darle algo de consuelo.
Sus pa