Diego Medina es su secretario.
Me mantuve en completo silencio. Carlos bajó instintivamente la mirada, evitando mis ojos.
—Sara —su voz sonaba inusualmente débil—, ¿qué quieres que haga? Dímelo claramente.
Nunca lo había visto tan derrotado. Esto era muy desconcertante.
—Carlos —respondí con firmeza—, ya terminamos. No hay dilema. Eres libre de cuidar de ella como mejor lo desees.
Mi respuesta fue directa, expresando exactamente lo que pensaba sin rodeo alguno.
Negó con la cabeza y se acercó, ac