Pero Alicia no le creyó y le dio otro golpe —Deja de intentar engañarme con Sara, no te creo nada.
—¡Alicia! —exclamé.
Mi voz hizo que Alicia se estremeciera. Cuando volteó a verme, sus ojos brillaron por un instante, pero luego pareció darse cuenta de que había presenciado su momento íntimo con Gabriel y sus mejillas se tornaron rojas.
Soltó apresurada la mano de Gabriel y se acercó a mí —Sara, ya llegaste. ¿Ya comiste? Le diré a Milena que te prepare algo...
—Alicia, ya comí —mentí, pues en re