Capítulo 390
La voz de Sergio era profunda y severa.

Mi actitud juguetona se desvaneció al instante al ver su rostro más delgado, pensando en lo cansado que debía estar cuidando a su hermana recién operada y además teniendo que consolarme.

No quise seguir molestándolo, así que lo jalé con dulzura y expliqué con docilidad: —Miguel y yo solo somos amigos, por eso hablo de él libremente contigo, porque no tengo nada que ocultar.

Al decirlo noté que sonaba algo extraño, pero no lo corregí.

No mencionar a alguien
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