Mariana se negaba a que Sergio se quedara, pero tampoco me quedaba tranquila dejándola sola.
No tuve más remedio que pedirle ayuda a Paula, que además estaba de guardia nocturna.
—Señora Araya, estar de guardia es mi trabajo. Pedirme que cuide a tu cuñada es aprovechar mi posición, ¿no me estás tratando con demasiada confianza? —bromeó en ese momento Paula.
—No es cuidarla, a esta hora todos duermen. Solo que, si tienes tiempo, mires si duerme bien, que no pase nada —expliqué con un tono mimoso.