—Porque realmente eres la única persona por quien puedo olvidar todos mis principios —suspiró Sergio con resignación.
Hablaba con tanta naturalidad, sin intención alguna de ser romántico, pero cada frase suya era un verdadero poema de amor. Como dicen en internet: sin mencionar la palabra amor, pero rebosante de él en cada sílaba.
Se me hizo un fuerte nudo en la garganta y, con la boca llena de tortilla, le dije:
—Sergio, ven aquí.
—¿Para qué? —me miró confundido.
—Tú solo ven y listo —insistí c