Me dejó moverle la cara mientras continuaba:
—¿Sabes qué dijiste entonces?
—No, seguro que te lo estás inventando todo esto —me negué a admitir que hubiera hecho tantas cosas vergonzosas.
—Dijiste que era como poner un sello. Que me habías besado en ese momento para marcarme, que era tuyo, y que cuando crecieras te casarías conmigo. Que no podía casarme con nadie más —Sergio bajó la cabeza de repente.
—Sasa, obedecí tu orden. He vivido hasta los treinta y tantos sin salir con nadie, sin que me g