"¡Buenas noches, mi novia!", me escribió Sergio media hora después.
No podía evitar preguntarme qué habría hecho en ese tiempo, ¿tal vez como en las novelas, se dio una ducha fría? El solo hecho de recordar cómo había tenido que frenar todo de forma tan abrupta me dejaba sin valor para contestarle.
Esa noche dormí fatal, probablemente porque yo no me di ninguna ducha fría, y sentía como si algo me recorriera por dentro. Comprendí en primera persona lo que significa que el deseo sea un pozo sin f