Lucien se detuvo a unos pasos de ella. Por un breve momento, ninguno de los dos habló. Las voces a su alrededor se mezclaban en un murmullo distante. La gente seguía pasando, las copas tintineaban, y las conversaciones continuaban por todo el salón de baile, y sin embargo el espacio entre ellos se sentía extrañamente intocado por el ruido.
Lucien la observó con cuidado. Ella había cambiado, no solo en apariencia. Había algo en la forma en que se paraba: el leve levantamiento de su barbilla, la