75. Fumata
Al llegar a la casa de Chitsen, todos descendemos del auto, excepto Marco, quien da la vuelta en el vehículo y se aleja conduciendo por la misma calle por la que llegamos.
—Permítame ayudarle con los maletines.
—Gracias, Sebastián. —Le entrego ambas maletas.
Caminamos hacia la entrada, y me detengo frente a la puerta, dando tres firmes toques. A los pocos segundos, se escuchan los sonidos de cerraduras siendo descorridas desde el interior. La puerta se abre, revelando el rostro pálido de una muj