24. Jodidamente obsesionado
¿Cómo no tenerte miedo?, si cada vez que te tengo cerca me siento tan vulnerable.
La maldita perilla de la puerta no gira, trato y trato, y nada. Ya la cólera empieza a emerger producto de la impotencia.
—Escucha, Inocencia. —Aquel hombre me pone a oír un sonido metálico cerca de mi oreja izquierda, estoy segura de que esas son las llaves—. Buscas esto, ¿verdad?
Con mucha angustia y sintiendo excesivo terror, empiezo a golpear la puerta, tal vez del otro lado alguien me escuche.
—Inocencia, ¿re