20. El desayuno familiar
Ya todos nos encontramos en la mesa del comedor y, obviamente, varias miradas caen sobre mí. Odio ser el centro de atención, que me vean como la intrusa o la extraña que irrumpe momentos familiares, esto es demasiado incomodo, cada vez que busco refugiarme en los ojos de alguno de mis posibles hermanos termino sumergida en un insoportable misterio. Nadie quiere hablar de mí, nadie quiere preguntar por mi presencia, todos esperan que alguien diga algo y todos prefieren callar.
Doña Murgos, quien