Samantha iba casi corriendo de lo fuerte que la estaba halando Marcos. Después del puñetazo y de dejar a George tirado todo lo largo que era en el suelo del salón de reuniones, no le había dado tiempo ni saludar. La furia de Marcos salía en oleadas, lo podía sentir.
— ¿Quieres calmarte? —fueron las primeras palabras de Sam nada más entrar en la oficina del vicepresidente y que Marcos trancara la puerta.
—No. Le respondiste el beso, joder. Al tipo que te engañó. Viene te roba un beso y tú lo rec