El sábado amaneció con un sol radiante aunque Sam sintió agujetas y caminaba medio raro. La carcajada de Marcos hizo que su mujer le diera un puñetazo.
— ¿Qué te pasa, gatica? Te veo medio extraño.
—No te pongas en mala con la cocinera que cierro el grifo hasta nuevo aviso y no me verás ni en pintura.
-NA. Te encanta estar entre mis brazos —El almohadazo le dio en plena cara— .No me dejaste terminar, cariño. Y a mí disfrutar entre los tuyos.
— ¿Qué pretendes, Marcos? Estás muy zalamero. Y cu