CAPÍTULO 78
Ella lo atrajo en un fuerte abrazo, sus propias lágrimas cayendo silenciosamente en su cabello. Por encima de su hombro, se encontró con los ojos de Maya. La advertencia había desaparecido, reemplazada por una sombría resolución.
Las líneas de batalla ya no eran solo corporativas o personales. Eran digitales, legales, psicológicos. Estaban siendo peleados en salas de juntas, en clínicas, en presentaciones judiciales y en la tableta de su hijo. Y Aria, acorralada, superada y asustada