CAPÍTULO 77
La mandíbula de Camilla se apretó. Siempre ganando. Siempre avanzando. Mientras Camilla se sentaba aquí contando fiebres y límites de crédito.
"Es su culpa", murmuró Camilla, mirando a la pantalla, con la voz plana de rabia. "Todo eso".
La puerta se abrió de nuevo antes de que el pensamiento pudiera seguir en espiral.
Una enfermera con una brillante sonrisa entró, ya tirando de los guantes. "Hola, soy Anya", dijo amablemente. "Hagamos que estos dos se sientan mejor, ¿de acuerdo?"
Se