Eduardo manejaba a gran velocidad hacia la clínica. El mareo y la excesiva pérdida de sangre hicieron que perdiera el conocimiento. O quizás fue por el pánico que sentía por estar con esta gran hemorragia y un dolor terrible en el vientre. Cuando desperté estaba en una habitación de una clínica acompañada de una enfermera con cara de amargada.
Me sentía como si estuviese dopada. La luz me molestaba. Ya no sentía dolor. Quise levantarme. La enfermera bruscamente me indicó que no podía moverme por