Dante la observaba atonico, no se esperaba escuchar aquello y mucho menos, verla así vestida para él. Caminó hasta ella sin quitar la mirada de su cuerpo, cerró la puerta con cerrojo, se puso detras de ella y besó su cuello. Eli cerró los ojos al sentir los labios del ruso sobre ella, excitándola. La giró y puso frente a él, mirándola a los ojos y sin previo aviso, la besó. Llevándola hasta el sofá, ella puso sus manos en el pecho duro de él y le apartó.
—Ahora mando yo, Dante Ivanov.— dijo ell