Dante desayunaba en el jardín, el sol había salido, pero el frío seguía intacto. En su cabeza solo existía Elisabeth, no podía sacarla de la cabeza. Era como si le hubiera hechizado, aunque ya lo estaba.
Desayunaba con la mirada perdida, pensando en como recuperarla. Él jamás se había rendido y no lo iba hacer ahora.
Dejó el mundo de la mafia una temporada, por culpa de su memoria. Pero una a descubrir que le pasó a su coche, no iba a quedar con los brazos cruzados.
Escuchó unos pasos y miró d