Fred guió a Kelly hasta que se arrodilló en el suelo de baldosas mojadas.
Agarró su polla hinchada y manchada de semen con firmeza y frotó la cabeza babosa y brillante contra sus suaves labios.
—Abre esa boquita linda para papá, nena —dijo, casi ahogándose con la culpa, pero demasiado cachondo para retroceder.
Kelly separó felizmente los labios y chupó su polla sucia profundamente en su boca cálida y ansiosa.
Movió la cabeza con avidez, la lengua girando alrededor de cada centímetro venoso, sab