—Me lo merezco —dijo Ken, frotándose la mandíbula dolorida, todavía jadeando con fuerza. Tendría que renunciar a los zapatos y a la camisa si no quería que le patearan el culo. Se volvió hacia Lily y se burló—: ¿Todo el día, eh? ¿Planeaste esto, zorra? Te dije que no nos dejaras pillar otra vez.
—¿Qué le acabas de llamar a mi hija? ¿Otra vez? Hijo de puta enfermo. Confié en ti con mi familia, con todo lo que tengo, ¿y esto es lo que haces? —continuó Len, todo su cuerpo temblando de rabia. Resop