GIANNA RICCI
Desde que pude tener a mi pequeña entre mis brazos fue como si nada más en la vida importara. Solo verla moviendo sus manitas, bostezando y estirándose como un gatito perezoso era suficiente para hacerme feliz.
De pronto alguien tocó a la puerta y tuve miedo de que se tratara de Matías, aun no quería confrontarlo, pero cuando volteé vi a Christian asomándose con pesar y vergüenza. En completo silencio avanzó hasta los pies de mi cama y vio a la pequeña envuelta en esa cobijita ros