GIANNA RICCI
—¿Un aborto? ¡¿En serio?! —exclamó la madre superiora mientras caminaba de un lado para otro dentro de la habitación.
—Intento de aborto… —corrigió el doctor Bennet.
—¡Usted cállese! —contestó la madre superiora furiosa antes de volver su atención hacia mí—. No solo fue muy peligroso tomar un medicamento que desconocía de manos de una mujer de dudosa moral, sino que atentar contra una vida es pecado.
—Madre superiora, yo no quiero tener este bebé, no pienso casarme con un hombre q