LEONEL ARZÚA
Por más que lo intenté, no pude dormir. No importó que el sofá fuera tan cómodo como la cama. Me sentía extraño con esa monja durmiendo en la misma habitación.
La curiosidad pudo más que mi fuerza de voluntad. Abrí lentamente las puertas que nos separaban y la vi dormida, con el cabello revuelto, abrazando la almohada, tenía las sábanas enredadas en sus tobillos, mostrando su cuerpo adornado por la lencería.
Contuve el aliento cuando la luz de la luna me hizo tener una alucinación,