A Adriano le dolió la rodilla antes de que el tren se detuviera en Termini.
El dolor llegó bajo la rótula, seco y conocido. Le recordó el estadio, el quirófano y la última vez que un médico le explicó, con palabras cuidadosas, que su carrera había terminado. Se quedó sentado hasta que los demás pasajeros salieron. No quería que nadie lo viera apoyar mal el pie.
En el teléfono tenía tres mensajes de Gianna.
¿Llegaste?
Tu hijo preguntó si vuelves el domingo.
Aunque sea dime que estás vivo.
Guardó