68. Incomodidad matutina y aroma a café
La puerta del baño se cerró con un suave clic, dejando a Jaxon petrificado en medio de su habitación. El hombre se tocó la mejilla, justo donde Elara lo acababa de besar, como si no pudiera creer lo que acababa de suceder. Su rostro, habitualmente duro como la piedra, ahora reflejaba una confusión absoluta.
Dentro del baño, Elara apoyó la espalda contra la puerta. Su corazón latía tan deprisa que temía que Jaxon pudiera escucharlo desde fuera. Sentía el rostro ardiendo.
—Estás loca, Elara —se s