49. Un juramento sobre las heridas
Elara se quedó paralizada en el regazo de Jaxon. El abrazo del hombre alrededor de su cintura era tan fuerte, tan posesivo, como si Jaxon temiera que la chica se desvaneciera como humo si la soltaba. La respiración caliente y errática de Jaxon acariciaba el cuello de Elara. La chica podía sentir el sutil temblor del cuerpo de Jaxon, que contenía el dolor y el desbordamiento de sus emociones.
—Nunca pensé que me hubieras traicionado, Jaxon —susurró Elara. Levantó la mano temblorosa y tocó vacilan