22. Leche de fresa sobre la alfombra ensangrentada
El sonido de la lluvia azotando los cristales de la ventana se asemejaba a un trueno interminable. Sobre la gruesa alfombra, ahora manchada de rojo, Elara presionaba una gasa contra la sien de Jaxon.
El hombre soltó un siseo contenido. Los músculos de su mandíbula se tensaron con fuerza.
—Aguanta un poco —susurró Elara. Le temblaban las manos, pero presionó la herida con más firmeza—. Va a escocer mucho.
—Quítame las manos de encima —gruñó Jaxon con voz ronca. Su enorme y temblorosa mano intentó