52 EL VENENO
CAMIL DE LA FUENTE
—Dave…—advertí con voz queda y él solo negó con la cabeza.
–¡Tranquila Doctora De La Fuente!—musitó poniendose de pie quitándose la bata blanca y acomodándola en el perchero, para luego tomar una chamarra marrón y comenzar a ponérsela. —No pienso presionarte Camil, o no al menos, si no se te ocurre volver a ponerte difícil en el interior un quirófano.
—¿Estas seguro que quieres hacer esto por mi?— inqueri algo nerviosa, pensando en todos los pros y los con