Tengo las manos atadas.

Alena

—Eso es ridículo, Alena —replicó Maxton—. No hay forma de que me quede sentado viendo cómo abandonas el equipo.

Bufé.

—¿Yo no puedo dejar el equipo, pero tú sí?

—Alena…

—Somos más que un equipo, Maxton —lo corregí—. Tú, Kassai y Clara son como mi familia. Así que, ¿cómo puedes hablar de irte tan fácilmente? Dime.

—Lo siento —se disculpó Maxton—. No volveré a decir algo así.

Extendió los brazos.

—Ven aquí.

Me derretí en su abrazo durante un buen rato antes de separarme para unirme a los de
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP