PIERO BERNARDI
—Donna… ¡Vámonos! —gritó Eliot intentando acercarse a Donna, que parecía calcular si podía saltar a través de las llamas para estar conmigo.
—¡Vete de aquí! —Ahora fui yo quien gritó con firmeza, dejando que mi voz causara eco debajo de mi máscara—. ¡Largo!
Me arrepentí en cuanto sus hermosos ojos se levantaron hacia mí, llenos de tristeza y miedo. El fuego se reflejaba en sus iris y las lágrimas caían por sus mejillas.
—No quiero… —susurró como una niña pequeña y extendió su ma