DONNA CRUZ
Abrí los ojos lentamente, podía escuchar el crepitar del fuego en la chimenea y una cálida luz naranja luchaba contra la penumbra del lugar. Cuando quise sentarme en la mullida cama, sentí un calambre horrible en un costado, de inmediato me encorvé y quise cubrir mi herida con la mano, entonces noté que tenía un apósito con tenues manchas de sangre.
—Así que… ¿no estoy muerta? —pregunté viéndome las manos. Me quité las sábanas de encima, notando que tenía un lindo camisón color vino