DONNA CRUZ
Al principio me sentí avergonzada, pero conforme comenzaba a entender lo que ocurría, el dolor se hizo cada vez más presente. Me sentía lívida y mareada. La sangre brotaba de mi piel mientras Piero parecía esforzarse por cerrar la herida con ese gel extraño que parecía solidificarse al tocar mi carne.
—Tranquila, todo estará bien —susurró con los ojos muy abiertos y tomó mi rostro entre sus manos—. No parece grave, pero necesito que te mantengas despierta. ¿Entendido?
—Tengo frío… c