ELIOT MAGNANI
—Muy en serio —contesté con los dientes apretados, tenía que aguantar hasta llegar a la habitación, no podía hacerle todo en lo que estaba pensando a media calle—. Quiero que me hables así de sucio cuando lleguemos.
—¡Destrózalo, Cristine! ¡No lo sueltes hasta que admita que tú eres la que manda! —vociferó Derek entre carcajadas.
Cristine comenzó a removerse sobre mi hombro y la dejé en la acera, temiendo que pudiera caer. Al verla frente a mí no pude más que suspirar como el ho