LUCA MAGNANI
Levantamos la mirada hacia la puerta de la capilla. No sabía cuánto tiempo habían estado ahí Jimena y Finn, viendo todo en silencio. Aunque Jimena parecía contrariada, Finn lucía una enorme sonrisa cargada de satisfacción. Entonces me pregunté: ¿ese diabólico abogado podía entrar a esta capilla o se haría polvo en cuanto pusiera el primer pie dentro?
—Irene Spoti, queda notificada —dijo Finn extendiéndole un folder lleno de documentos, mientras yo mantenía fija la mirada en el piso