LUCA MAGNANI
—¡Entonces renuncio a todo! —gritó Berenice—. No quiero nada del dinero de la familia, no quiero propiedades ni joyas. ¡Absolutamente nada! ¡Solo déjenme en paz!
La señora Spoti la vio con tristeza y negó con la cabeza, adoptando la actitud de una madre que en verdad considera que su hija se ha vuelto loca. En ese momento, el padre había vuelto acompañado de dos guardias que se acercaron arrogantes hacia mí.
—Acompáñenos —pidieron al unísono.
—¡No! ¡Papá! ¡Por favor! —exclamó Bere