DEREK MAGNANI
—Ya veo, no te agradan los sabores amargos —dijo Cristine notando mi desagrado y me ofreció su café—. Pruébalo, es de vainilla, mi favorito.
Vi su vaso con desconfianza y lo tomé, su comportamiento era muy extraño, no me trataba como a su esposo, sino como a uno más de sus hijos. Probé el café y descubrí que tenía razón, era bastante agradable.
—No es que resulte entretenido estar aquí, solo… es pacifico. A veces necesitamos algo de calma para ordenar nuestras ideas. El caos nun