SLOANE D’MARCO
—¡Tu padre es un insensible! —exclamó Rinaldi frente a mí, caminando de un lado a otro frente a mi escritorio mientras revisaba mi agenda. Tenía que informarles a mis pacientes que nuestras sesiones se suspenderían por un tiempo, pero con los gritos de ese idiota no podía concentrarme.
—Dime… ¿por qué te animaste a salir de tu departamento de soltero y venir a perturbar mi paz? —pregunté cerrando la agenda con fuerza mientras lo veía por encima de los lentes.
—¿Se te olvida que e