SLOANE D’MARCO
De lo único que me siento culpable es que, gracias al dinero que recibía Rinaldi de mí y de mi padre, podía darse el lujo de tener tiempo libre para acechar a todas esas jovencitas que querían hacerse de un renombre en el mundo de la moda.
¿Quién podría creerle que con el sueldo de maestro alcanzaría a comprarse un departamento como el que presumía y donde metió a todas sus víctimas para cobrarse cada favor? ¿Quién podría asegurar que le alcanzaba para el auto último modelo que