—En realidad, nunca he pensado que lo sea. Le dije que se tomara un poco más de tiempo, que experimentara y luego se decidiera, ¡pero no con el idiota de Leo! —exclama y yo sonrío y vuelvo a besarlo.
—¿Crees que Litia y Rodo puedan solucionar sus cosas? —le pregunto susurrando mientras Milo me sube a la mesa central de la cocina y continúa besándome, metiendo sus manos entre mi camisa, mientras mi piel arde de deseo por él.
—No lo sé, princesa, esta camisa no es para nada tu estilo, te