Litia niega con su cabeza y me empuja contra la puerta.
—Dile que me he ido, o que me estoy duchando o me han abducido los extraterrestres; dile lo que quieras, pero no lo dejes entrar. —Sigue empujándome.
—Es astronauta, seguro que tendrá los medios para irte a buscar al espacio —le respondo, intentando que no me empuje más.
De repente, la puerta se abre y me golpea en la punta del pie.
¡Mierda, cómo duele!
Mi cuñado entra como un toro rabioso; en realidad lo