Mundo ficciónIniciar sesión— Ni de coña — Suspira Milo y me fijo en la hora; son las ocho y treinta y dos.
Milo se ha estacionado y los policías se han ido, corremos a sacar a las bebés sin tomar el cochecito triple, no tenemos tiempo para eso.
Las llevamos en las cunitas portátiles y cuando entramos a la alcaldía, Melissandre se encuentra con mi bolso en sus manos y la madre de Milo nos observa con cara de pocos amigos.
— ¿En serio, Milo? — No me saluda, empieza a caminar por el lugar, como







